lunes, 25 de enero de 2010

"I live to dream again..."




Don´t be afraid if
you hear voices
Or feel the sweet air
Spoken upon you
Sometimes the sound
Of a thousand
Whispering words
Of Hope will reassure
Show me the future
Will see us join together
If the oceans split
Or the mountains side
Then I
Will keep on dreaming
I live to dream again.

Don´t be afraid if
you´re descending
The deepest despairs
Without a handrail
To guide you
Sometimes the sound
Of a thousand
Whispering words
Can confuse
But when you´re sleeping
They shift and
slide together
Bring meaning
To the canyon's cry
So I
I keep on dreaming

Sometimes the sound
Of a thousand
Whispers are where
You live a little fear
But feel the future

Well, feel us dream together
I feel no fear
I feel no fire
Oh I
I keep on dreaming
I live to dream again.

I live to dream again.

I live to dream.

domingo, 24 de enero de 2010

(Mañana del 24 de Enero): Guerra


---Antes que nada... Quisiera aclarar que ninguna Daniela Nodirémiapellido ni ningún Alejandro Pineda resultaron heridos en la realización de este sueño... … … bueno, la verdad sí.---

En este sueño que estoy a punto de relatar aparecen dos de mis más queridos amigos de universidad dentro de un contexto en el que se muestran como enemigos, aún cuando han sido tan valiosos en estos momentos de desarreglo académico, de hecho, hemos pasado un buen tiempo juntos últimamente en el que se han tratado de solucionar los problemas que teníamos con los horarios de ciertas clases, es por esto, quizá, que figuran en este sueño dentro de “un mismo bando”, por decirlo de alguna manera, lo que no me explico es ¿Por qué figuran como mis enemigos?
Este sueño comienza estando yo al pie de una montaña cubierta toda por vegetación muy frondosa, yo iba vestido como soldado y sostenía un fusil, en cierto momento, comencé a recibir disparos desde la montaña, lo cual hizo que me cubriera tras una roca. Desde la roca pude ver que un grupo de personas, vestidas también como militares, estaban agrupados en un sector alto de la montaña, desde allí me disparaban. Era un grupo de más o menos cinco personas, según recuerdo. Entre ellos estaban dos de mis amigos de universidad (Alejandro y Daniela, Daniela la que “Nodirásuapellido”) más otros tres sujetos que no pude identificar. A medida que me disparaban, ascendían más y más por la montaña, yo los perseguía disparando también mi rifle cual película de Rambo. En cierto punto, la montaña tenía una especie de terraza de piedra, un sector plano desprovisto de vegetación, antes de que mis atacantes llegaran a ese sitio, Daniela se detuvo y se dio la vuelta para dispararme desde su posición más alta, con la mala suerte de que yo le disparé antes (¡Perdóname tía!). Daniela cayó de espaldas sobre un arbusto, probablemente gravemente herida (¡Perdóname de nuevo, tía!). Al escuchar los disparos, Alejandro se detuvo y se devolvió para socorrer a Daniela, la tomó por una de las tiras de su maletín y la arrastró hacia la terraza que estaba a escasos tres metros de donde cayó. Ya en la terraza, se desaparecieron de mi vista. Aceleré el paso y escalé la montaña hasta llegar a la terraza donde no encontré a nadie. En una de las paredes de la montaña pude observar una estrecha entrada a lo que parecía una profunda caverna. Entré a la caverna y, para mi sorpresa, me encontré dentro de un elegante ascensor con una bella iluminación. En ese momento pensé: “Debería ir a visitar a Daniela al hospital, pero no puedo ir con esta ropa sucia”. Presioné uno de los botones del panel de control del ascensor y, mientras éste descendía, decidí quitarme la ropa... toda la ropa. Fue cuando el ascensor se detuvo que me di cuenta de que no tenía otra ropa para cambiarme, totalmente desnudo y sólo con una camiseta blanca a la mano, ya que el resto de la ropa había desaparecido, decidí cubrirme la entrepierna (tal parece entonces que el subconsciente es pudoroso...) mientras las puertas del ascensor se abrían. Salí del ascensor como se dice popularmente, “Con una mano por delante y otra por detrás”, hacia lo que parecía la recepción de un hotel de lujo. El recepcionista parecía concentrado leyendo algo y no me vió salir, el botones que custodiaba la puerta tampoco pareció verme en lo absoluto a pesar de que pase a sólo centímetros de él. Era de noche cuando salí, parecía una gran avenida pero no pasaba por allí ninguna clase de vehículo. Comencé a caminar hacia donde, en el sueño, yo pensaba estaba el hospital. Desperté.

lunes, 18 de enero de 2010

(Mañana del 17 de Enero de 2010): Bailando con un cadáver

Dentro de mi percepción, el sueño que les voy a contar a continuación es un episodio completamente aleatorio dentro de la clase de sueños que he venido teniendo que, a pesar de ser vagos y de “moods” algo pesados, han sido emocionalmente significativos. Este sueño goza de imágenes vívidas de lo visto (no mucho, la verdad). Este episodio comienza cuando voy caminando por un camino con un césped de un verde limón bastante brillante. Por alguna razón, comencé a observar el césped fijamente a medida que lo iba recorriendo cuando de repente comencé a ver restos de heces de vacas, heces que, a medida que avanzaba en el camino, se iban acumulando, cuando no tuve más sitio donde pisar para evitar las heces, detuve mi marcha y miré hacia adelante. Frente a mí se hallaba un montículo más o menos grande de cadáveres humanos. Lo curioso es que todos los cadáveres tenían las características de los que hay en el laboratorio de morfología de mi universidad. Estaban apilados unos sobre otros, rígidos, mutilados, disecados; a pesar de lo sórdida que pueda sonar esta imagen, mi “mood” en esta parte del sueño era totalmente alegre y despreocupada (algo como: “Ok, there's a pile of corpses in front of me, ¿So?”). De repente, uno de los cadáveres comenzó a moverse y se puso de pie, se acercó a mí y me dijo: “¿Quieres Bailar?”, yo dije que sí y comenzó a sonar un vals, tomé sus rígidas y curtidas manos y comenzamos a bailar muy suavemente sobre el césped. De un momento a otro, me hallaba en el aula máxima de mi antiguo colegio, un gran salón de aproximadamente treinta metros cuadrados con un escenario, yo estaba en el escenario junto con uno de mis compañeros de universidad (el cuál, en mi vida no onírica, se llama Edison). Edison vestía de negro completamente y sostenía una guitarra eléctrica. El recinto estaba lleno gente que gritaba y ovacionaba a Edison, algunas personas se paraban de sus asientos, subían al escenario, se dirigían a mí y me decían que le dijera a Edison que tocara tal o cual canción (ahora no recuerdo los nombres de las canciones que me pedían), yo iba hasta donde Edison, le decía qué quería escuchar el público y él tocaba la guitarra, el estrépito de los asistentes aumentaba entonces, desperté.

jueves, 14 de enero de 2010

(Mañana del 13 de Enero de 2010): Oyendo a Nietzsche


He estado leyendo por estos días uno de los libros más famosos de Nietzsche, “Más allá del bien y del mal”, es interesante, aunque un poco denso; aún así, Nietzsche tiene un estilo muy particular de escribir, estilo que también he notado en “La Genealogía de la Moral” y “Así Hablo Zaratustra”. También, justamente ayer, estuve observando algunas de las pinturas de Robert Venosa, un importante pintor surrealista que ha incorporado el uso del diseño por computador a sus magníficas obras. Este sueño comienza cuando me dirijo caminando hacia un muro, de repente algo me detiene, es una barrera de bolardos espaciados, entre los cuales hay unas sillas unidas al suelo. Al otro lado de la barrera puedo ver que hay algo pintado en el muro, es una pintura algo abstracta y surreal, de formas extrañas y bastante indefinibles, muy similar a la pintura llamada “Ayahuasca Dream” del pintor Robert Venosa. Me salto la barrera y llego al pie del muro, la pintura parece fresca, a mi lado hay una mujer que no logro reconocer, me dice: “¿Qué tal si la mejoras?”; tomo una brocha grande de no se donde y doy un brochazo sobre el muro, parte de la pintura se corre quedando de esta manera un parche de pared desprovisto de ella, el muro, para mi sorpresa, es rojo. Comienzo a recriminarme que he arruinado una maravillosa obra de arte, la mujer a mi lado desaparece, y en su lugar aparece una voz, asumo, sin muchos elementos de juicio, que es la voz de Nietzsche, el cual comienza a hablarme en ese particular estilo de retórica propio de él. Me habla precisamente sobre lo que había estado yo leyendo en mi vida no onírica en su libro (“Más allá del bien y del mal”) la noche anterior, no logro entender mucho de lo que dice y despierto. Algo que me impacta de este sueño es la inmediatez con la que las imágenes del día anterior se incorporaron a lo que podríamos llamar “Sistema Onirógeno”, ya que muchas de las teorías psicoanalíticas modernas toman los símbolos expresados en los sueños como manifestaciones de procesos propios del subconsciente que pueden llevar años en arrojar un resultado a la luz de los sueños, es decir, generalmente lo que soñamos, es manifestación de algo más profundo y con muchos más precedentes cronológicos. Es por esto que me sorprende que algo que había yo “adquirido” conscientemente unas horas ante
s pasara tan rápidamente al “Sistema Onirógeno” y se manifestara en la misma noche en un sueño. Este sueño es uno de los que más dudas me ha sembrado sobre lo poco que se, desde el punto de vista psicoanalítico, sobre el complejo mundo de los procesos simbólicos del subconsciente. ¿Se podría aportar información desde otro punto de vista?...

miércoles, 6 de enero de 2010

(Mañana del 5 de Enero de 2010): “Sobre esta piedra edificaré mi iglesia...”

Estaba yo caminando por la acera de una avenida que ahora no puedo identificar cuando, por alguna razón, miré el cielo y pude ver un gran edificio, muy similar a una fábrica en su estilo arquitectónico, que flotaba en medio del aire. De una de las puertas de la fábrica flotante pendía una cuerda de la cuál estaba amarrado un hombre vestido como trabajador. Le pregunté qué le había pasado y me dijo que estaba amarrando la puerta cuando de repente la fábrica comenzó a flotar y a el le faltó valor para soltarse de la cuerda antes de que la fábrica ganara altura. Sentí pena por el hombre y me fui hacia un pequeño parque que había sobre una colina (muy similar al “Parque de los Enamorados” sobre la avenida Santander), allí, dios me habló (nótese antes que en mi vida no onírica soy no creyente) y me dijo que yo era el encargado de construir una nueva iglesia, yo le dije que si pero que con la condición de que me diera el poder para construir esa nueva iglesia, dios (¿Cuál?, no se, el que sea) accedió y me dio su poder. Fue entonces cuando le dije a dios que si le parecía bien que pusiera su iglesia a la salida de un centro comercial, el dijo que no veía ningún problema, que le parecía una buena idea porque así la gente que saliera de comprar, iría inmediatamente a rezar. Yo con mis “poderes” hice que surgiera al frente de un centro comercial (centro comercial que desconozco y cuyos detalles no recuerdo en este momento) una construcción enorme, una especie de templo de grandes agujas, muy parecida a la Iglesia de la Inmaculada (que, de hecho, sí está a la salida de un centro comercial). Fue entonces cuando dios me habló de nuevo y me dijo que había hecho bien y que ahora yo debía dirigirme a mi clase de Humanidades Médicas (materia que vi justo el semestre pasado), de repente aparecí en la sala de una casa algo vieja y destartalada, estábamos sentados varios de mis compañeros y yo en sillas altas, formando un círculo alrededor de Orlando Mejía, nuestro profesor de Humanidades Médicas, él hizo una pregunta y yo sentí la extraña necesidad de contestar así que levanté la mano pero de repente estaba yo en la parte trasera de un taxi en movimiento que al parecer, por lo poco que recuerdo, se dirigía hacia la fábrica de Meals de Colombia (lo que aún se conoce como “La Fuente”) desde la Vía Panamericana, estábamos a punto de chocar con otro taxi que venía en la vía de bajada, pero desperté.

En este sueño se pueden apreciar dos cosas fundamentales, la primera sería la repetición figurada de ese escenario que es la carrera 22, al nivel del parque Ernesto Gutiérrez, el Parque Caldas, el C.C. Parque Caldas, y la iglesia de La Inmaculada. Este escenario ya se había repetido en un sueño anterior (“Encuentro con un primo”) y parece tener un especial significado para mi subconsciente, por alguna razón, se me ha presentado en mis sueños como un sitio de amabilidad y familiaridad, un sitio en el que no me molesta estar (aunque, por estos días de ferias, sería en el último sitio en el que estaría), espero que el significado emocional de este sitio me sea más explícito en próximos sueños. El segundo aspecto importante es la aparición, repetida ya en el sueño inmediatamente anterior (“Pelea”), de mi grupo de compañeros de estudio en un contexto académico, y lo que es aún más importante: reunidos en una disposición circular. Este aspecto me hace pensar en la manifestación de ciertos arquetipos (recurriendo un poco a las teorías junguianas) en los que la forma circular entra a desempeñar un importante papel como manifestación del sentido de tribalidad del ser humano, la reunión en torno a la hoguera, los círculos de transmutación alquímicos, la forma del sol, etc. Es así como, a manera de hipótesis, podría decir que ya he trasladado mi “circulo” de tribalidad desde el núcleo familiar hacia un grupo más heterogéneo de personas, ¿Podría esto representar alguna clase de proceso de maduración social?, ¿Podría estar representando cierto alejamiento de mi núcleo familiar original?, nótese la contraposición simbólica en este sueño de “el nuevo círculo tribal” y “el sitio familiar”... ¿Qué opinaría usted, amable lector?

sábado, 2 de enero de 2010

(Mañana del 2 de Enero de 2010): Pelea

A pesar de que tengo la sensación que este fue un sueño algo largo, sólo recuerdo una pequeña parte, el principio. El sueño comienza en el salón de Anatomía de mi universidad, un cuarto de quizás ocho metros por arista, ventanas cubiertas por cortinas grises y una mesa sobre la que se ubica un video-beam y un computador desde donde el profesor dicta su clase. En este sueño, había en el centro del salón un reducido número de sillas bastante altas (similares a las que usan algunos arquitectos para dibujar sus planos en mesas igualmente altas). Sobre las sillas estábamos sentados algunos de mis compañeros de clase y yo. Hablábamos sobre algo que ahora no recuerdo. Fue entonces cuando apareció una ventana al lado opuesto de las ventanas que, en mi mundo no onírico, hay normalmente en el salón de Anatomía. Por la ventana pude ver a un hombre joven, bastante “lamparoso” si me permiten la expresión (Lámpara: truán, gañán, gamín, lacra, etc.), mirando hacia el interior del salón. Una de mis compañeras se levantó de su asiento, salió del salón y pasó al lado del joven, éste le arrebató su maletín y la tiró al piso. Dos compañeros y yo, al ver lo ocurrido, nos levantamos de nuestras sillas y salimos corriendo al encuentro del ladrón. Uno de ellos se ofreció a levantar a nuestra otra compañera, que ahora lloraba, y llevarla a un lugar seguro, mientras nosotros dos nos encargábamos de “cascar” al agresor. El compañero con el que quedé, se abalanzó sobre el joven, pero éste lo recibió con un fuerte golpe en el abdomen, mi compañero quedó tendido en el suelo. Fue entonces cuando yo me lancé sobre el agresor y le propiné un fuerte golpe en un costado de la cabeza, el joven sólo se tambaleó un poco y al instante ya estaba en guardia de nuevo. Desde su posición lanzó un gancho hacia mi flanco izquierdo, el cuál yo detuve con mis dos manos mientras enviaba una fuerte patada a su entrepierna. Pude ver cómo su cara se distorsionaba por el dolor a la vez que todo su cuerpo se relajaba. Fue entonces cuando, decidido a rematarlo, le dí un fuerte golpe en el abdomen, con lo que el agresor cayó al suelo, de repente yo estaba en el pasillo de la casa de una de mis tías, observando una puerta bastante luminosa al final de éste. Hasta ahí me acuerdo, se que tuve otro sueño a partir de ahí, pero las imágenes son demasiado vagas.